viernes, 2 de octubre de 2009

ESCALÓN DE ALCOLEA

La especie humana es diversa y dispersa, observarla nos permite reflexionar sobre nosotros mismos.

Hace unos días me llamó la atención un hombre viejito que estaba sentado en un banco, con su mirada serena y fija en dirección frontal hacia un punto indeterminado que atravesaba caminantes, automóviles y edificios. Ignoro qué información procesaba.
Me inquietaba de tal manera que no pude resistirme a acercarme y sentarme junto a él. Me sentía confortable a su lado y su presencia me producía cierta paz y silencio a pesar del barullo de vehículos a nuestro alrededor.
No se inmutó apenas. Le miré y disculpándome por si le podía molestar le pregunté si necesitaba alguna ayuda. Se giró lentamente y mirándome con naturalidad sonrió a mi pregunta.
¿Quién de los dos necesita ayuda? pareció responder con su silencio.
Le dije que no sabía realmente porqué estaba sentado a su lado, pero sentía curiosidad por saber quien era.
Quería oír su voz, así que insistí en provocar alguna respuesta suya.

- ¿Viene a menudo a éste lugar? –le pregunté–.

- Hoy es el primer día –fue su respuesta–. Hace una semana –siguió diciendo– que cuando llego a mi casa cuento los escalones de la escalera. El primer día me fijé en los peldaños, me sorprendió su estado envejecido y deteriorado. También reconocí el ruido, al pisar en el rellano del segundo piso, que cada día escucho desde mi habitación, era una baldosa que se había desprendido del pavimento. Cuanto más arriba subía, en peor estado se encontraban las tabicas y las zancas, nunca antes fui consciente de ello. Así que, al día siguiente, volví a contarlos mientras observaba las paredes y los desconchados de la pintura. Al llegar a mi rellano el número de escalones se había incrementado en cinco, de los cincuenta y tres del día anterior.
Creí haberme equivocado al contar, así que el tercer día los volví a contar. La barandilla en la que me apoyaba estaba llena de polvo y en algunas partes oxidada. ¡Sesenta y tres! ¡Cinco escalones más! Pensé que de nuevo me había descontado mientras miraba el deterioro de las hileras de barrotes.

Toda la escena me la contaba el viejecito con total parsimonia y sin apenas inmutarse.
Yo le escuchaba con curiosidad e inquietud.

- El jueves –continuó–, al entrar en el portal saqué una libreta y marcaba en ella con una línea cada uno de los peldaños que subía. Al pasar por las distintas puertas de mis vecinos intentaba que sus voces, los gritos, discusiones, la música y los anuncios televisivos, no me distrajeran de nuevo.
Pero, ¡Ah, amigo mío! Mi sorpresa fue mayor que en los días anteriores. Setenta y tres fueron los escalones anotados en mi libreta, diez más que el día anterior.
He de decirle, que hace una semana cumplía 53 años, hoy tengo el aspecto de un hombre de 73. Así que he decidido no volver a subir más por la escalera de mi casa, ésa que estoy mirando fijamente desde este banco.

¿Cómo se llama, joven? -me preguntó-, Ricardo, contesté, ¿y usted?

- Escalón de Alcolea, para servirle.

4 comentarios:

Susana dijo...

Jordi, me estoy poniendo al día de tus entradas y, créeme, estoy disfrutando con todo lo que veo/leo/oigo. No deja de sorprenderme la variedad de lo que publicas: cada entrada es una tremenda sorpresa. En esta ocasión, los cuentos, me parecen de una alta calidad. Incluso aunque haya puntos a los que me acerco más de forma intuitiva que racional.

Fíjate que en esta historia, el viejito me ha parecido algún tipo de gurú. También el protagonista de la historia anterior, el ex Ricardo, podría ser alguna clase de Siddharta renunciando a un tipo de vida para entregarse a otra forma más lúcida...

Te digo las cosas tal como me vienen a la cabeza, que está algo torpona estos días. Quiero decir (creo) que siento una especie de mística por debajo de tus entradas que me atrae poderosamente, y me obliga (con placer) a no perder de vista el mundo que importa. El blog todo es como una continua lección, un espacio para la meditación, para mirar adentro mientras se recupera lo que nos das. En fin, que me encanta. Felicidades de verdad.

Un beso!

el esco y el güilmon dijo...

Mira tú por dónde, Demócrito tiene apellidos!!!

Jordi Pascual Morant dijo...

Susana, que amable y sensible llegas a ser. Tu predisposición a disfrutar de lo que ofrezco en éste bloc es de una gran generosidad.
Escalón, el viejito gurú, como bien dices, es un personaje que pretendo recuperar en otras entradas para representar el sabio que todos llevamos dentro cuando reflexionamos, aunque no sea a menudo.
Pero Avaro, debería ser más bien un compañero de Siddharta que no consigue mantenerse, como él, en el aprendizaje del espíritu.
Espero vestirlo mejor en una próxima entrada para que represente mejor ése papel que pretendía.
Créeme que mes has hecho sonrojar con tu comentario.
Eres adorable.
Gracias.

Jordi Pascual Morant dijo...

Heterónimos, Álex, hetrónimos que nacen de su inspiración.
He rastreado tu bloc estos días, pero me dejas sin palabras con tus creaciones, ya vés que eres de mis preferidos.

χαιρέτισμα