sábado, 3 de octubre de 2009

FUNCIO DE LA NÓMINA

FUNCIO de la NÓMINA

Nunca me había fijado en esos ciudadanos del ejército estatal. Perdón si ofendo a servidores públicos con un problema menos; perder el trabajo. El sueldo es otro tema, la mayoría se quejarán de insuficiente, y tendrán razón, en eso no me meto, que no se note ningún tipo de crítica, al fin y al cabo todos escogemos lo que podemos, en mi caso escogí la inseguridad laboral a cambio de tener todo el tiempo libre posible, sin horarios fijos, ni relaciones forzadas con compañeros de trabajo, o sumisiones al jefe/jefa de turno a pesar de sus incompetencias, etc., etc.
Para mí, son afortunados, como creo que también lo soy yo, a pesar de mi precaria situación económica.

Pero la vida siempre te sorprende y te ofrece nuevos ejemplos del existir humano. Como encontrarme con Funcio de la Nómina, cuyo nombre denota una procedencia aristocrática, o al menos de familia noble talvez venida a menos. De hecho fue un reencuentro, un compañero de la infancia, iba a decir amigo, pero nunca llegó a serlo, teníamos intereses muy diferentes. Mientras yo escribía cuentos en clase que luego leía a mis compañeros, él, servía de ayudante a la maestra en trabajos que iban desde ordenar papeles, archivar exámenes, o hacer recados de emisario entre profesores, lo que le daba acceso a datos personales de sus propios compañeros. Incluso recibía pequeñas propinas para golosinas. Así que no dejaba de ser un privilegiado funcionario ya en sus años escolares.
No llegábamos a los ocho años de edad pero cada uno ya ocupaba un lugar en la micro sociedad de nuestra clase.

Un día me dejé mis cuartillas noveladas en el cajón del pupitre. Funcio, que también ordenaba el desorden de las clases, a veces se entretenía en fisgonear en los cajones, por escrupuloso, que no por indiscreción. Menudo cómplice de la seguridad pública.
El caso es que al volver del recreo -ese día preferí jugar a fútbol que entretener a mis compañeros con una historia de terror-, me puse a escribir en mi novela mientras el resto hacía sus deberes. La señorita, bueno, la desagradable autoritaria de la maestra, se acercó tomando mis cuartillas para después de una rápida ojeada romperlas acompañándolo con la sentencia: “en clase no se pierde el tiempo con esas cosas”. Hasta los catorce no volví a escribir “esas cosas”, era la historia sobre la fuga de unos presidiarios peligrosos, vigilados celosamente por funcionarios de prisiones.
A los diez años cambié de colegio y perdí de vista a, de la Nómina, así nos llamábamos entre nosotros, por nuestro apellido, eso ya dice mucho de aquella época.

El mundo es un pañuelo, dicen, en él todos estamos y a veces coincidimos, fue seguramente a consecuencia de un estornudo, que nos sacudió del lugar en el que estábamos para reencontrarnos de nuevo.
Tiene un cargo en una empresa municipal que promueve la ocupación laboral. Allí estaba yo, renunciando a mi libertad de horarios por unos ingresos fijos al mes y salir de mi precaria vida económica, aceptando que no tengo las cualidades necesarias para ganarme la vida con mis creaciones literarias, resignándome a mi edad a entrar en la bolsa de empleo, en el saco del miedo, ¿quizás el hombre del saco consistía en eso?
Bueno, Funcio no tiene precisamente un aspecto que infunda terror, de hecho ya ni me acordaba de su cara, fue él quien me reconoció. Era como si estuviera esperándome desde entonces, abriéndome las puertas del infierno.
Sonrió como si hubiera ganado la partida. En ese momento reaccioné, saqué una libreta que llevo siempre conmigo y anoté la dirección de mi blog, ofreciéndosela mientras me despedía figurando que me quitaba el sombrero.

4 comentarios:

Susana dijo...

Aunque no lo parezca por la hora, estoy en un despertar nocturno, planteándome si doy por acabada mi noche, con esas pocas horas de sueño en el cuerpo, o si me hago un vasito de leche con la esperanza de seguir mi feliz sueño un poco más. Todo esto es una petición formal de benevolencia para el comentario que me salga. Porque ha sido al añadirte entre las recomendaciones de mi blog (con tu permiso), que he entrado para verificar la ruta y... no he podido evitar empezar a leer.

Jordi, como no sé qué parte de los hechos que describes pueden ser ficción, lo más urgente es que te diga que, evidentemente, el talento te sale por los poros (aunque te refieres a las 'creaciones literarias', que conozco menos), y en otros lugares, otras circunstancias, deberías poder vivir de tus creaciones, porque somos muchos los que disfrutamos con ellas... Pero ya sabemos cómo van las cosas. Sabemos todos que no es ineptitud del creador, sino de la sociedad en que vive. Y una vez dicho esto, te diré que me ha gustado mucho cómo enfocas esta historia. El paralelismo entre los adultos y los niños; el mundo infantil, la frustración ante la prepotencia de la profesora... Puede, quién sabe, que Funcio pueda ayudarte en estos momentos críticos, y se cierre este círculo de ofrecer por un lado y recibir por el otro.

Ya sabes que yo tampoco me gano la vida escribiendo (ni con la música, claro!), pero ahí estamos, perseverando para que quien quiera leernos pueda hacerlo... Sin concesiones a la comercialidad, sin censuras, priorizando las libertades del espíritu. Puede que precisamente por ello seamos afortunados.

Un beso!

Jordi Pascual Morant dijo...

Susana, considerando que la vida es una ficción (improvisación), que es la única manera de soportarla, los hechos descritos, como toda libertad creadora, tienen la mezcla (real) del cocinero que condimenta el plato y la improvisación (ficción) que hace diferente el sabor.

Estoy de acuerdo contigo en que las condiciones en que nacemos y los adultos que nos educan, delimitan o amplían nuestro desarrollo personal, físico y mental.

Tus comentarios siempre son de agradecer y precisos, incluso a medio despertar.

un abrazo

Tocornal dijo...

Querido Jordi,

en primer lugar darte las gracias por la existencia de este blog que es una auténtica delicia.

Soy de los que piensan que cada uno de nosotros nace con un don y que depende de nosotros mismos el hecho de lo que lo desarrollemos o no. Creo que tú estás en los del lado que lo desarrollan y Funcio está en el otro. Y no porque Funcio no tenga su don, sino porque prefirió agarrarse al fraudulento funcionamiento de la sociedad que a desarrollar su don que seguramente no sabe ni que lo tiene.

No me extenderé. Solo te diría que no renuncies nunca a tu don, que persistas y que lo importante no es como golpeas sino como aguantas los golpes. Puede que Funcio sea tan pobre que sólo tenga dinero.

Jordi Pascual Morant dijo...

Manel,
qué sorpresa más agradable y estimulante al leerte.

Yo creo que enfermaría si no dedicará gran parte de mi vida a la creación, ya son 40 años desde que empecé con "esas cosas" y aún sigo, porque siempre creo en la sorpresa de una nueva creación, sea literaria, musical, pictórica o de otra especie extraña que salga de mi mente.

Vuestros ánimos son también necesarios.

Una forta abraçada, botonaire.