sábado, 24 de octubre de 2009

BIENVENIDO HAMBA GAHLE

No he viajado mucho, seguramente en muchos sentidos, lo cual no da a mis juicios suficiente interés, más valor tienen las experiencias de otros a los que considero imprescindibles para saber del sentido de la vida y del hombre. Seres a los que su piel se ha convertido en corteza que esconde los círculos concéntricos que con el paso del tiempo han crecido en su interior, siempre alimentándose de raíces profundas, tan extensas que llegan al límite de un núcleo lleno de fuego.

En uno de mis escasos viajes, aunque en ese caso fue un país lejano, me encontré con un personaje muy especial. Fue en Sudáfrica, cerca de Durban. Una de mis mejores amigas nació allí, y gracias a su extrovertida relación con las personas (blancas y negras) de aquella ciudad, fuimos invitados por Mercy, cocinera de su primo, a pasar un par de días con su familia en un poblado llamado, Inanda, donde los únicos blancos éramos mi amiga y yo.
Nos reservaron una gran estancia para nosotros solos. Era una choza circular con el techo de mimbre y paja. Una cama, dos sillas y una mesita eran lo único que le daba el aspecto de una habitación.
El retrete, situado en una ladera de la zona, era comunitario para unas cuantas familias. Consistía en una cabina que escondía un pozo con cal en su interior, supongo que con la intención de higienizarlo para los visitantes recién llegados.

Hicieron una cena generosa y alegre. Muchos familiares de los anfitriones nos acompañaron en una comida llena de especias sin llegar a ser muy picantes, más bien aromáticas, como sus conversaciones.
Uno se da cuenta que los seres humanos tenemos una facilidad de adaptación considerable, pues aún en las circunstancias más pobres sabemos crear momentos festivos que nos unen. Se respiraba verdadero afecto.
Los familiares invitados, una vez avanzada la sobremesa, empezaron a despedirse. En un reducido círculo de tertulianos el más viejo del grupo (a pesar de tener 54 años parecía mucho mayor), nos contó su largo historial de accidentes siempre al límite de la muerte.

Pocas semanas antes de nacer Bienvenido (traducido del Zulú), que así se llamaba aquel envejecido hombre de 54 años, su madre tuvo un grave accidente al caer de un camión abarrotado de gente. Creyeron que habría perdido a su hijo. Tuvieron que cuidarla día y noche mientras Bienvenido se preparaba, a pesar suyo, para ver el mundo.
El parto, aunque difícil por la resistencia del bebé a salir, no supuso ningún problema ni pareció que hubiera afectado físicamente al pequeño. La madre sobrevivió y dio vida a otro ser.
Bienvenido creció con mucha energía y su curiosidad le llevó a extremos increíbles de temeridad, como intentar acariciar a unas crías de leona un día que se escapo de la vigilancia de sus padres. La madre leona se lanzó sobre el pequeño diablo y la madre “no hay más que una”, sobre la bestia. Pronto llegaron el resto de familiares humanos que lograron ahuyentar al animal. El diablillo tenía unas profundas marcas de colmillo y sangraba abundantemente, mientras que su madre tenía heridas más graves y murió en pocas horas.
Bienvenido sobrevivió gracias a la valentía de aquella mujer que le dio una segunda oportunidad.
Mientras nos contaba su relato, los que allí estaban asentían con un fugaz canto de lamentación al final de cada secuencia, ¡Hamba Gahle!, que significa: vete con Dios.

Siguió narrando cómo se escapó de nuevo de su entorno custodio. Tenía 14 años y su afán de aventura y riesgo no cesaba a pesar de recibir más de una advertencia sobre la peligrosidad de perder la vida por la imprudencia en vivirla; tal vez eso era lo que le atraía.
Subió a un tren quizá para aumentar la velocidad de su propia existencia, o para llegar antes a su destino, que es el de todos, morir.
Pero había algo en él que le protegía de cualquier final que no fuera la noche y el dormir, único instante en el que parecía aceptar una tregua al duelo constante en el que vivía. Él, sin armas, más bien sobrevivía porque los “otros” fallaban su puntería.
El tren descarriló, ¡cómo no! Entre los amasijos de hierro y madera sobresalió una cabeza que aún respiraba. Bienvenido estaba atrapado, metafóricamente entre la vida y la muerte, entre aquellos retorcidos materiales férricos y su aliento.
Estuvo varios meses en el hospital recuperándose de importantes traumatismos por todo el cuerpo, hasta que finalmente volvió a retar a su “contrincante”. ¡Hamba Gahle!.

Cuando pudo, se puso a trabajar en la extracción de diamantes, no por su cuenta, claro, si no para la empresa Petra Diamonds Ltd. Las condiciones eran muy duras y un día decidió aumentarse el sueldo llevándose una pequeña piedrecilla como portador infiltrado para un grupo organizado de ladrones.
Lo descubrieron y en su huída fue perseguido hasta unos terrenos cercanos a un parque nacional donde vivían en cautiverio animales salvajes. En su intento desesperado de escapar se introdujo en esa zona de gran peligro. Los agentes que le perseguían disponían de armas para protegerse lo cual no les infundía temor adentrarse en ese espacio prohibido. Se escondió entre malezas intentando no ser visto, ni por sus perseguidores ni por los depredadores que podían merodear por aquel lugar.
Cuando creyó que había despistado a los agentes se arriesgó a salir de su escondite, prefiriendo una muerte salvaje a otra “humanizada”. Los rinocerontes blancos no suelen tener buena vista y se alejan de cualquier movimiento que observan, pero cuando llevan una cría con él son muy agresivos y se lanzan sobre lo que consideran que puede ser un peligro para su pequeño.
Bienvenido fue corneado por ese punto de mira prominente del que esos animales hacen ostentación. Tan fuerte fue el golpe que lo desplazó a 15 metros del lugar donde estaba. Quedó inconsciente. Mientras el animal emprendía la carrera para rematarlo el ruido de las hélices de un helicóptero le hicieron retroceder en busca de su pequeño.
Bienvenido fue rescatado y detenido al mismo tiempo, aunque no sabían si salvarían su vida.
Nuevamente el hospital fue su hogar del que salió reconstruido, pero al salir le encarcelaron. ¡Hamba Gahle!.

Le llevaron a la prisión de Robbend Island y allí conoció a Nelson Mandela.
Llegados a este punto de la resumida biografía que nos contaba Bienvenido, Anet mi amiga, y yo, nos miramos sorprendidos y expectantes, pues hacía sólo dos años que Mandela se había convertido en el primer presidente de raza negra de la República de Sudáfrica.
Al parecer, según nos dijo Bienvenido, la amistad que nació entre los dos fue creciendo a medida que Mandela conocía los detalles de la vida de aquel maltrecho joven de 25 años. Le impresionó su valentía y arrojo vital hacia la aventura, y por supuesto, la milagrosa capacidad para sobrevivir a tantas situaciones cercanas a la muerte que él perseguía.
Bienvenido conoció de primera mano los ideales del hombre que cambió la situación de apartheid que vivía su país, se interesó vivamente y le prometió luchar por esos mismos ideales al salir de prisión. Fueron dos años de reflexión durante los que decidió entregar su vida por una causa digna.
El día que salía de Robbend Island, se fundía en un largo abrazo con aquel hombre que le sirvió de guía para dirigir ése impulso incontrolable que nacía de su interior más desconocido. ¡Hamba Gahle!.

Se afilió al Congreso Nacional Africano (ANC) y siempre estaba en primera línea de las manifestaciones. Nos mostró algunas cicatrices de heridas de bala, una cercana al corazón.
Su posición se volvió más radical y llegó a formar parte del Umkhonto we Sizwe (‘Lanza de la Nación’), brazo armado del ANC. Para ello tuvo que viajar a Argelia para recibir entrenamiento para la lucha guerrillera.
Al volver a su país, el avión en el que iba se estrelló al intentar un aterrizaje forzoso.
Eran 45 guerrilleros más los dos pilotos. Murieron todos, excepto uno, él.
Con quemaduras y graves lesiones estuvo internado más de un año en el segundo útero materno, que él llamaba al hospital de turno.
Pensó que por más que quisiera dejar éste mundo una fuerza misteriosa siempre lo salvaría, así que a partir de aquel momento dedicó su vida a salvar otros suicidas más normales, como los que se cuelgan de los árboles o se lanzan desde los acantilados, seres que en el fondo reconocen imposible su deseo de vivir.
Bienvenido no deseaba vivir porque no le interesaba éste mundo, no era una conclusión meditada, era el impulso que la mutación de un gen había provocado en él, como el que siente la necesidad de jugar, de aprender, de crear.

Hoy, a mis 54 años y recordando aquella noche, me siento resignado a ser lo que mis genes me ordenan. Imaginarme historias como éstas que nacen de un impulso profundo y salvador. ¡Hamba Gahle!.

8 comentarios:

moi-même dijo...

Hola !!! i moltes FELICITATS !!!! Encara no he tingut temps de llegir la teva entrada d'avui! És que portes un ritme frenètic ! Però com que sé que avui és un dia especial, marcat diguem, per a tu, doncs "aprofito l'avinentesa" com es diu i ets faig una senyal d'amistat !Fins la propera ! Muriel

montserratqp dijo...

És demà, oi?

Dissabte al matí i em llevo sense massa energia com en els darrers dies. Deu ser la tardor o la vida o jo.I amb un cafetó al cosat, entro al teu blog i et llegeixo. Quin plaer!He disfrutat amb el relat del Bienvenido i de la teva literatura. Per olts anys i que noaltres puguem continuar gaudint-la!

Jordi Pascual Morant dijo...

Muriel, tinc entès que avancen una hora el dia de mà, no pas un dia sencer. El meu aniversari és un 25 d'Octubre, però t'ho agraeixo molt, és el primer cop que em feliciteu mitjançant el bloc, i això sí que ho fa un dia especial.

petons!

Jordi Pascual Morant dijo...

És demà, sí, no se t'escapa una. Gràcies per les felicitacions, les dues, la de l'aniversari i la del conte. T'asseguro que el plaer és per a mi saber que t'ha agradat el text.

petons!

Mortadel.la dijo...

Quina meravella d'escrit! Quin currículum d'accidents que té aquest noi! Ja m'han entrat les ganes de riure quan li passa el del tren i l'últim, el de l'avió, el meu somriure s'ha anat ampliaaaaaaant! L'he trobat apart de divertit molt inginyós. Amb molt de ritme també.
Felicitats pel relat i pels anys!!!

Jordi Pascual Morant dijo...

Jo que volia fer un relat seriós i te'n rius de les desgràcies dels altres, jaja. Mortadel·la, has captat el sentit de l'humor que volia donar a la lluita diària que tenim amb la vida, estem perduts si no li donem la volta a les coses. Gràcies per la felicitació i per participar d'aquesta reflexió.

Hamba Gahle!

Susana dijo...

Me ha gustado mucho esta historia, pero mucho. Me ha impactado ya el primer párrafo.

Personalmente, no soy de las que piensa que hay que darle faena a 'los ángeles de la guarda', por decirlo de algún modo, salvo por grandes creencias o querencias. Pero la de Bienvenido es una historia única: la de alguien para quien la vida se muestra huidiza pero también rotunda. Da como para creer en el destino, en cosas por hacer o enseñar...

(No sé qué destino nefasto el de mi blog, que sigue sin renovar tus entradas. Así, te leo con retraso y además, lo que peor me sabe, no te felicité en su día... Un beso gigante por ese nuevo año que te empieza, y varios más por los intereses del retraso).

Jordi Pascual Morant dijo...

No se si será la edad, Susana, pero cada vez creo más en que el destino puede más que nuestros deseos y sí, finalmente nos viene a decir que no es hacia lo que más insistimos si no hacia lo que reusamos donde está nuestro verdadero ser. O algo parecido.
Gràcias por felicitarme, me tomo los intereses muy gustosamente.

Muchos besos también.