jueves, 8 de octubre de 2009

ESCALÓN DE ALCOLEA (II)

Estoy delante de mi te, unas tostadas ligeramente untadas de miel y nata a rebosar. Placeres que ayudan a empezar el día. En la complacencia de mi estómago viene a mi memoria la imagen de Escalón de Alcolea sentado en el banco de aquella plaza, casi en trance, mirando fijamente una respuesta sin pregunta. Así creo entender (o así me hizo comprender), con tan solo observarlo vi qué estaba sucediendo en su conciencia. Las verdaderas respuestas vienen en los estados de lucidez extrema cuando ya hemos olvidado qué queríamos saber.


Después de presentarnos seguimos en conversación amena y siempre interesante, con pinceladas de humor que agradecíamos con buenas dosis de risas.
"Contar escalones –me decía- me ha abierto el entendimiento que tenía obstruido, me di cuenta que las distracciones a mi alrededor eran tantas que no era consciente dónde pisaba.
Recordar ésta simple frase hizo rebobinar en mí situaciones que ayer viví.

Fue así; me desperté buscando una solución a diversos problemas, principalmente el económico y cómo continuar con el último cuadro en mi taller. Pensé que podía con ambos, así que empecé buscando la solución a mi cuadro, creyendo que lo económico era mucho más difícil de arreglar. Estaba en ello cuando sonó mi teléfono;¿ si?, ¿qué problema?, ¡ah!, ¿pero no estaba solucionado?, sí dime, tomo nota, ¿cómo dices?, ¡pero esto no es en lo que habíamos quedado! Y así durante 13 minutos.
Seguí en mis propias soluciones. Me vestí y bajé, sin contar escalones, a la calle. En ese momento mi vecina del primero llegaba con un carrito y dos grandes cajas de cartón en el. Me ofrecí a ayudarla a subirlas. Ya en el rellano de su piso, me explico que eran pañales para su madre, ya mayor, contándome las dificultades que le suponía el cuidado de ella debido a los dolores de cervicales que arrastraba desde hacía tiempo. Era evidente que necesitaba erupcionar todas sus desgracias de buena mañana, así que yo estaba allí, esperando que me salvara la campana, la de la mesita de noche que su madre utilizaba para reclamar la presencia de su hija.
El asalto duró 13 minutos.
Por fin fue el cartero el que interrumpió, ¡divina interrupción!, y pude escaparme del servicio terapéutico que prestaba a mi vecina.
Llegué a la estación del Bicing. Mientras pedaleo suelo estar con mis pensamientos; buenas ideas me han surgido de esos viajes sobre ruedas y algún susto por despistarme.
Tuve suerte, quedaba una bicicleta libre. No llevaba ni cien metros recorridos y apenas dos reflexiones esbozadas, cuando una de las ruedas perdió estabilidad y mis pensamientos se desinflaron.
Retrocedí andando hasta la estación más cercana para dejar la bicicleta y decidí coger un autobús, tal vez allí podría reflexionar con tranquilidad.
En la parada había una larga cola de gente esperando. Bueno, pensé, debe estar a punto de llegar. Cuando empezaba a retomar la solución estética de mi cuadro los comentarios sobre la tardanza del autobús empezaron a distraerme, pues algunos me dirigían la mirada como queriendo que participara de sus quejas. Se me ocurrió decirles que algún incidente importante podía haber pasado para que tardaran tanto los autobuses en llegar. Hasta que pasó un señor que nos informó que había huelga de conductores de transportes públicos. Las quejas aumentaron, los improperios y el mal humor tenían en mí todas las miradas dirigidas. ¡No hay derecho, nos tratan como ganado! ¡Ni se nos avisa, qué cuesta poner un letrero informativo para que no tengamos que perder el tiempo de esa manera! – decían-. Ingenuo de mí, ¿cómo podía explicarles que mis reflexiones podían producirse tanto en el autobús como esperando a que llegara?

Dos veces trece minutos fue el tiempo que estuve allí. Seguiría con interminables distracciones que os aburrirían y no quisiera distraeros de la conclusión a que me lleva la crónica de ese día: concentrarnos en algo que nos interesa nos permite progresar en su entendimiento, ¿nos lo permite la sociedad en la que vivimos?

Escalón de Alcolea estaba en ello cuando me senté a su lado.

4 comentarios:

montserratqp dijo...

Sovint, massa sovint, ens ho posen difícil però cadascú anem trobant els espais i descobrint les estratègies que ens ho permeten més fàcilment. Malgrat la boir, la pluja i l vent que tenim aquest matí, dec estar optimista. Petons des d´aquí dalt on les distraccions externes són ben poques...aaaai, les que vénen de dins!

Jordi Pascual Morant dijo...

Montserrat, faig servir aquest bloc com a distracció personal i espero que us distregui, en el bon sentit de la paraula.
Les altres distraccions, les que ens desvien dels nostres objectius, son la lluita personal que hem de guanyar.
I com dius, les internes necessiten una serenitat de reflexió adequada.
Això amb l'edat crec que s'aprèn.
Gràcies pel teu comentari des de "la isla Esmeralda"

Susana dijo...

Quan tens disponibilitat de temps, jo tb opino que és bona cosa detenir-se a pensar en els autobusos (o en les bicis... cadascú on pugui). Recuperar la detenció. Reclamar la no-pressa.

M'agrada el teu esglaó... Petons.

Jordi Pascual Morant dijo...

Així és, Susana, aturar-se i decidir on anar. Pujar un esglaó més.

Un altre petó!