sábado, 12 de diciembre de 2009

DE LA FE, EL CONOCIMIENTO Y LA EXISTENCIA

Extraído del libro "Retòrica de Cambra"


DE LA FE

Hay diversas ideologías que a pesar de sus diferencias de razonamiento todas tienen un denominador común; la fe. Ese estado de sumisión es motivo de luchas entre los hombres, éstos no se dan cuenta de que en el fondo todos participan de la misma creencia que es la fe.

Los que creen en Dios lo certifican con su fe aunque no puedan demostrar su existencia, así mismo el que cree en el alma o el espíritu, todas ellas entidades metafísicas que durante milenios se enraízan en la consciencia del hombre como verdades absolutas.

Cierto que son conceptos que equilibran las conductas de los hombres pero como he dicho también provocan luchas para imponer fanáticamente su uso radical. Puede creerse que el olvido de la fe en nuestras conductas ideales transformaría las relaciones humanas en la aceptación de unos con los otros, como también del medio y entorno del que hacemos uso, por tanto una aceptación de la muerte incluso de la especie humana como opción propia de sabiduría natural.

Ello, significaría recuperar un instinto de selección de los medios de supervivencia adecuados a nuestras necesidades, considerando la muerte una necesidad última de ese proceso selectivo.

DEL CONOCIMIENTO ÚLTIMO

Que gran inquietud de conocimiento emborracha al hombre. Queremos captar mentalmente el sentido de la existencia, su mecanismo y sus leyes, incluso aquello que pueda encontrarse más allá de los límites de la materia.

Y todo con el único intento de controlar y dominar, disponer y transformar.

Tengo una convicción, ése conocimiento último es posible, sólo que se llegará en el instante inmediatamente anterior a la transformación del cosmos. ¿De que nos servirá entonces unos conocimientos que ni tan siquiera podrán aplicarse a nuestra consciencia, también ésta llegada a su fin?

DE LA EXISTENCIA

Si establecemos que la consciencia no ha existido desde el principio de todo lo creado, sino como consecuencia de una evolución de lo existente, es comprensible que desconozcamos tantas de las cosas que podrían dar sentido a la vida que conocemos.

La cuestión principal es decidir si hemos de vivir y en qué condiciones, o bien aceptar el impulso del instinto por vivir.

Es preciso decir que ese instinto es principalmente egoísta, por tanto posiblemente contrario a la existencia de los otros, un camino substancial de la evolución humana sería una consciencia más altruista o cósmica de sobrevivir en función del beneficio común.

Pero seguiríamos sin poder entender por qué hemos de seguir viviendo, ya que el comportamiento hacia la existencia de los otros es una consecuencia del vivir y éste es el enigma de nuestras contradicciones.

La nuestra, es una existencia acelerada, presentidamente contraria al resto.

De lo dicho se puede pensar que es una visión sectaria de las variadas formas de vida y comportamiento que existen.

Cierto, es así, ya que las situaciones críticas y confusiones en las que nos encontramos a lo largo de la existencia son debidas a la relación que establecemos con aquellas cosas o aspectos que menos nos agradan de lo que nos rodea. Es nuestra limitación y parcial observación de la existencia.

Que yo no esté bien no quiere decir que todos estén mal o que siempre estaré así.

Si la existencia de la vida fuera debida a la casual coexistencia de factores propicios a su desarrollo, podemos utilizar ese principio para esperar de nuestro trabajo personal algún resultado satisfactorio que de sentido al esfuerzo que realizamos.



4 comentarios:

PÁJARO DE CHINA dijo...

Podemos tener fe en la belleza modesta y espléndida de las cosas. La belleza que vive del lado del revés, detrás de la puerta, fuera de los cajones, en la textura de las piedras y en los ojos de los animales. Belleza que es simultáneamente una pregunta. Y una respuesta.

Y que no se nos gaste el asombro de salir a su encuentro. A veces siento que solo con preservar la capacidad de asombro daríamos sentido a nuestra existencia.

Un abrazo fuerte.

P.S.: En la entrada de casa tengo una columna hecha de viejos VHS. Ahí está Saló, para recordarme de todo lo que somos capaces.

Jordi Pascual Morant dijo...

Mariel,
Comparto esa visión positiva de la existencia, y aún más cuando nos abruma todo lo que desconocemos de ella, de cómo la vida ignora las injusticias, los desatinos y desafines que nos rodean.
La belleza, gran tema en el que nos refugiamos los que huimos de la fealdad, aunque a veces nos acerquemos a ésta para aprehender lo sublime que encierra.
Me asombras cual Partenón construido por columnas de VHS, CDs, libros, lienzos, imágenes, sólida escultura intelectual.
Agradezco tus comentarios siempre estimulantes.
Una abrazo sincero.

Susana dijo...

Me quedaría un buen rato leyendo vuestro diálogo. Mientras en la entrada hay aseveraciones con las que no siempre estoy de acuerdo, en vuestros comentarios hay algo más próximo a propuestas, a acercamientos intestinos, a intuiciones... Y me llegan de una forma poderosísima las imágenes que construís... Puede que porque estoy más 'mirona' que racional.
En todo caso, enfrentando distintos pedazos de mente o abriendo de par en par entrañas con que absorber, siempre es un placer venir a parar a tu casa, Jordi. Y siempre depara nuevas sorpresas.

Un abrazo.

Jordi Pascual Morant dijo...

Susana, te agradezco que entres en este diálogo de comentarios que enriqueces con tus miradas.
Yo tampoco estoy siempre de acuerdo con lo que dice alguno de mis "yo", pero les cedo este espacio por el contraste significativo con los otros "yo". Terapia personal.
un petó.